miércoles, 17 de diciembre de 2014

SHERLOCK HOLMES ESTÁ VIVO


NO ERA UN DÍA CUALQUIERA. Hoy es un día especial. Fuí a eso del medio día, motivado por mi habitual curiosidad de lector compulsivo(modestia a parte), a recibir la tercera entrega de los libros de Arthur Conan Doyle. Sí. Les dije que era un día especial.

Para llegar al  kiosko de periódicos, que se ubica frente al Colegio Fleming, caminé desde mi habitación al Ovalo Larco (un Ovalo bien chabacano por cierto, quizás el más horrible del país, qué mal gusto tienen estos arquitectos...). Del Ovalo Larco(o la horca de Larco) caminé a la esquina dónde se encuentra la Escuela de Bellas Artes y de ahí sólo me quedaba algunos pasos al kiosko. Recorrí parte de la avenida América Sur en un estado sobrenatural, levitando, inquieto, emocionado, pensando en cuál será la próxima historia-aventura del famoso detective. 

Sherlock Holmes ha sido capaz, desde que empece a recibir la colección de sus historias, de mantener mi mente en una cierta expectativa abrumadora y también en un ejercicio intenso del arte de razonar o, más bien, de ser un expectante, en primera fila-lectura, del gran espectáculo de un analista consumado, un gran maestro que existe de algún modo(no jodan, para mí existe). Sí, Sherlock Holmes existe y nadie me va a decir lo contrario. La vida no puede ser tan así de prosaica y tan así de jodida o aburrida como la profesión de los abogados, periodistas o la vida perdida de cualquier político. No estoy loco. Hace muchos años que mi mamá me hizo exámenes mentales con los mejores especialistas del país. No jodan.

Llegué justo a tiempo: el muchacho ya estaba cerrando su kiosko. Y ahí estaba el libro, entre esas porquerías que la gente llama periódicos, brillando como una verdadera joya en medio de tanta mierda, inmortal a su manera, una perla entre tantas piedras enmierdadas. 

Estaba vez la historia era: El Signo de los Cuatro.

Siempre un cierto éxtasis de naturaleza indescriptible me invade minutos antes de tener un nuevo libro para mi lectura. A pesar que mis lecturas están en proporción directa al tiempo que tengo de ocio, siempre busco el tiempo adecuado para dar rienda suelta a mis lecturas. La verdad, y el ocio, te harán libre amigo lector.

Muchas lecturas, las aventuras del detective Sherlock Holmes por ejemplo, te sacan del tiempo. En especial de este tiempo urbano que transcurre en una ciudad llena de profesionales robotizados y apurados. Tengo alergía a las personas que se consideran profesionales o a los que se autodenominan así. Me corro de ellos como si fuera un peste moderna. Para ser honesto me parecen zombies repugnantes. Pobres seres estos profesionales, que tan lejos están de la talla de un hombre renacentista. Buuuuhhhh.

¿Un libro más? No, de ningún modo. No es sólo un libro más. Es entrar en una nueva aventura y ser parte o cómplice de ella. El libro, personalmente, me va a regalar una vivencia extra a mi vida. Qué más puedo pedir en este viaje llamado vida que una aventura nueva.

Creo, también, que la lectura del libro sería de gran agrado para todo matemático o aficionado a la matemática. Pues los detectives y los matemáticos tienen muchas cosas en común. Ustedes, escasos lectores, sabrán decir, espero, cuáles son esas cosas en común(espero un lector inteligente).


No les contaré la historia queridos lectores, seres escasos hoy en día. No jodan. Lean. Es por su bien( y también por su mal). Sólo pondré algunas de mis notas que, hasta el momento, puedo compartir. Aquí algunas palabras del genial detective:

  • Mi cerebro se rebela contra el estancamiento. Proporcióneme usted problemas, proporcióneme trabajo, deme el más abstruso de los criptogramas, o el más intrincado de los análisis, y entonces me encontraré en mi ambiente. Podré prescindir de estimulantes artificiales. Pero aborrezco la monótona rutina de la vida. Siento hambre de exaltación mental. Ahí tiene por qué he elegido esta profesión a la que me dedico o, mejor dicho, porque razón la he creado, puesto que soy el único en el mundo que a ella se dedica.
  • Mi nombre no aparece en el periódico. Mi mayor recompensa está en el trabajo mismo, en el placer de encontrar un campo en el que ejercitar mis especiales facultades. 
 ¡Qué lectura genial nos regala las aventuras del detective! 


¡Larga vida para Sherlock Holmes!

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