sábado, 15 de noviembre de 2014

NOTAS DEL DÍA Y ASUNTOS ONÍRICOS


  1. Después del viaje queda una sensación extraña: tengo, de algún modo, la impresión de seguir viajando. Trataré de explicarme, explicarme a mí mismo. Creo que mi cuerpo sólo es un medio de transporte. Transporta mi ser. No es un medio de transporte cualquiera. También es un medio para crecer, dar el salto, realizar el trabajo duro o el trabajo interior. Aún estoy conociendo mi cuerpo o el templo como prefiero llamarlo. El cuerpo también se comunica. Tiene su propio lenguaje. Hay que escucharlo. Creo, además, que tiene una consciencia independiente pero que es parte de cierta unidad. En fin, las palabras en este terreno no bastan. Hay que hacer, actuar, vivenciar. Esto no es locura.
  2. De las personas; ya sea seres queridos, amores pretéritos y amigos; sólo me interesa conocer, si es posible y en lo posible, su ser verdadero. Es díficil, claro está, conocer eso. Pues uno ya tiene bastante trabajo en conocerse a sí mismo. Y, cosa no tan común, si es que uno también lo logra, en el transcurso de su vida, conocerse completamente. El motivo, creo, es sencillo. No quiero conocer su cargo, su posición social, sus prejuicios, su cultura, su nacionalismo putrefacto, sus etiquetas mundanas, en fin, no me interesan sus equipajes que cargan en esta vida. No me interesa nada eso. No quiero conocer su ser circunstancial. Pues eso resulta ser, casi por regla general, adaptable y convendido, moldeable y pasajero, fútil. Su ser verdadero es más importante. Pues no dependerá, ni de los malos o buenos tiempos, ni del contexto ni del mando del alguna etiqueta; es, simplemente, lo que es. Sí. Una vez más lo repito. Me interesa el corazón. Siempre eso ha sido mi bandera en este viaje. Sé, también, que es muy escaso conocer otros corazones desnudos, corazones calatos me gusta llamarlos. Aunque hay una esperanza, aparentemente contradictoria, que es conocer el propio corazón aún más para conocer otros corazones. Ya lo he vivenciado. Creo, firmemente, que es el camino. Sí. El verdadero camino es interior. No me queda duda.
  3. Esto ocurre con frecuencia. Es como si mi cabeza o mi mente, ya no sé qué en realidad, captará señales de televisón por cable. Antena en el sueño y esponja en la realidad. Qué vaina. Me da cierta risa decir tal cosa. Pues a mí no me gusta la televisión. Otra vez el sueño intenso, aventurero, fantástico y, honestamnete, hasta cierto punto, bien jodido. Pero qué es eso de estar soñando toda una especie de película y no tener ni la puta idea del asunto. Mi sueño es una saga completa con un buen libreto, al parecer, y una cantidad de personajes que nunca, jamás, he visto en mi vida. Hay más. Y yo, en el sueño, sólo soy un expectador casi la mayor parte del tiempo. Pero, esta tarde misterioso que ocurrió tal sueño, hubo algo singular, había cierta familiaridad, esta vez, con los personajes desconocidos. Aún no puedo explicar y, creo, que tampoco me interesa indagar sobre el asunto, pues ya tengo bastante con otras cosas también extrañas. Al despertarme y tomar consciencia de la realidad(o lo que uno cree qué es la realidad), y también de mi dolor de cabeza y cansancio post sueño, y recordar algo del sueño, o el trailer, sólo me queda la impresión, y quizás la seguridad espantosa, de estar siendo sólo un medio para algo u otro me está soñando cuando despierto.
  4. El  sabueso de los Baskerville,una de las geniales obras de Arthur Conan Doyle, se apareció, derepente, esta mañana en un kiosko cerca al trabajo. Al acotencimiento, así hay que llamarlo, es una cosa rara en estos tiempos. Pues ya tenía la impresión que todos los kioscos de Trujillo se estaban llenando otra vez de mucha mierda: periódicos. ¿Literatura otra vez? No y Sí. En realidad nunca se fue y nunca vino. Simplemente estaba ahí como una musa que nunca se irá por nada del mundo. Aunque las musas también se van o cambian de papel. Y es que la literatura, en mi opinión, es una manera agradable de pasar algo del tiempo en el viaje de la vida como también de soportarla. Sí, debo confesarlo, con frecuencia los personajes literarios me son más interesantes que los personajes de la vida real. Ya sea un Quijote con su locura o un Barón Rampante con su rebeldía y consecuencia. Bueno, como en los viejos tiempos, me hice pata del vendedor. Me presenté y le dije, con seguridad de profeta y palabra de último samurai: consiga las demás obras de la colección que saldrá quincenalmente, no te olvides de eso, yo te estaré visitando. Qué bacán.

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