
JIM FUK YU
Hay algo más.
Ilustración-graffiti del progreso de la Cultura Oxidental hacia más y más desorden, es decir, mucha entropía:
Hamlet: to be or not to be
Camus: to be is to do
Sartre: to do is to be
Sinatra: do be do be do be do
(Ingo Müller, A History of Thermodynamics, Springer, New York, 2007)
Hamlet: to be or not to be
Camus: to be is to do
Sartre: to do is to be
Sinatra: do be do be do be do
(Ingo Müller, A History of Thermodynamics, Springer, New York, 2007)
Pienso en un individuo divertido, humano, demasiado humano—Homero Simpson—. Pienso en algún ser anónimo sin importancia— Le Président Nicolas Sarkozy—. Pienso en un lugar real donde me gustaría vivir—Macondo o Spriengfield—. Pienso mucho en ti, Nicolle. Repaso mis imágenes: hay muchas cosas. Selecciono, ubico, proceso, describo, desmenuzo, trituro. Hay mucho CAOS. Estoy confundido, muy confundido. Hay conflicto. Error, error, error. Nervous System, Nervous System, Nervous System. Hago un esfuerzo. Hago otro esfuerzo. Me repongo, respiro y localizo. Lo-ca-li-zo.
Hay; en algún lugar, en alguna calle, en alguna coordenada, en algún punto espacial-temporal trujillano; un ser humano, un mendigo soportando el frío, el hambre y la vida. También hay algún perro abandonado en la calle. Un perro indocumentado; flaco, sarnoso, hambriento, melancólico; explorando y sobreviviendo en la selva urbana; husmeando los restos de comida en las bolsas de basura de los terrícolas trujillanos; mostrando, tristemente dulce, sus ojos líquidos; mirando temeroso, desconfiado, a los humanos. Un perro decepcionado por el abandono de su dueño—ese-hijo-de-puta—. Un perro antisocial soportando una historia interior de existencia perruna, albergando un país de pulgas dentro de un país de perro, viviendo la cicatriz a flor de fuego en su lomo desgarrado, atizando el recuerdo-consuelo de cuando era cachorro y todos querían tocarlo, soportando las noches soñolientas y los inviernos ingratos, soltando un aullido que estremecería el mismísimo culo beatniks de Allen Ginsberg. Un perro escuchando el eco distante de ser, irónicamente, el (ex)mejor amigo del hombre. Un romatéko fánu, un perro loco. Un perro con una verdadera vida de perro y esperando que no se apruebe la ordenanza municipal que inicie un holocausto perruno. Un perro esperando el tiempo inacabable de su final y viviendo, literalmente, un antiguo proverbio: el perro ocioso se volverá sarnoso. Camino, camino y camino.
No hay silencio. Hay historias y pesadillas, misterios y secretos, bulla y eso que llaman, dizque, progreso. Pienso en todas estas cosas mientras camino. Pienso y los devoro, pienso y los vomito, los desmenuzo, los exprimo, los insulto. Nada-me-detiene-en-esta-locura.
Nada.
Me-estoy-volviendo-loco.
Unzeitgemässheit.
No sé cómo llegué al estado en que me encuentro ahora: me estoy destruyendo. Eso es bueno, buenísimo, chévere, bacán. Hay que morir las veces que sea necesario, destrozar lo aprendido y tirarlo todo a la basura. Desaprender cuando es necesario sobrevivir. Desaprender a la velocidad de la luz lo aprendido. Pisotear ídolos, tirarse vírgenes, cagarse encima de los obispos y cardenales, orinarse en la boca de los políticos, escupir santos, tirarse muchos pedos en el congreso y cagarse toneladas de mierda encima de los partidos políticos y otras variantes que, en esencia y después de desmaquillarlos, resultan ser la misma mierda. Tirar las ideas fijas, cagarse encima de ellas, escupirlas una y otra vez, tirarlas al desagüe y limpiarse bien cada recodo del mosco. No me importa mi estado, mi estado fugaz, temporal, obsoleto para la eternidad, insignificante para la temporalidad, indiferente para el universo de una hormiga obrera. Quizás lo más cercano, y estúpido, sería atribuirme algún estado del alma: el estado, nada pasajero, de estar bien cagado. Nadie más sabe de esto, excepto yo. Eso me alegra. Soy mi propio suicida.
Me-estoy-volviendo-loco.
Unzeitgemässheit.
No sé cómo llegué al estado en que me encuentro ahora: me estoy destruyendo. Eso es bueno, buenísimo, chévere, bacán. Hay que morir las veces que sea necesario, destrozar lo aprendido y tirarlo todo a la basura. Desaprender cuando es necesario sobrevivir. Desaprender a la velocidad de la luz lo aprendido. Pisotear ídolos, tirarse vírgenes, cagarse encima de los obispos y cardenales, orinarse en la boca de los políticos, escupir santos, tirarse muchos pedos en el congreso y cagarse toneladas de mierda encima de los partidos políticos y otras variantes que, en esencia y después de desmaquillarlos, resultan ser la misma mierda. Tirar las ideas fijas, cagarse encima de ellas, escupirlas una y otra vez, tirarlas al desagüe y limpiarse bien cada recodo del mosco. No me importa mi estado, mi estado fugaz, temporal, obsoleto para la eternidad, insignificante para la temporalidad, indiferente para el universo de una hormiga obrera. Quizás lo más cercano, y estúpido, sería atribuirme algún estado del alma: el estado, nada pasajero, de estar bien cagado. Nadie más sabe de esto, excepto yo. Eso me alegra. Soy mi propio suicida.
Me-estoy-volviendo-loco.
(Extracto del cuento JIM FUK YU. 30 pag. aprox. Trujillo, 2005-2009)



