Sabiduría y vivencia son inseparables. La sabiduria se vive. La vivencia genera sabiduría. No puede haber sabiduría sin vivencia. Los textos sagrados o exotéricos invitan fuertemente a la vivencia. Su orientación es más práctica que teórica. Su naturaleza se dirige a fomentar la acción en el ser. Incluso la acción de no hacer nada y la acción del silencio. Predicar es una actividad vacia sino va acompañado de la práctica. La vivencia contribuye al desarrollo de la consciencia y, en consecuencia, a vislumbrar, cada vez más, al ser esencial. El amor se puede ver también como una vivencia.
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